circulo-cromáticoLa selección de los colores en decoración no es un proceso fácil. Normalmente, cuando se piensa en ello, se termina recurriendo a algún color neutro “que no falla” o a colores muy puros, como el rojo o el azul para hacer contrastes. Pero los resultados nos llevan a preguntarnos qué tienen los ambientes que vemos en las revistas de decoración, que son armónicos sin ser aburridos, o alegres sin resultar estridentes. Tampoco se utilizan de la misma manera los colores en pintura, en diseño gráfico o en interiorismo. Mezclas que en los dos primeros serían muy acertadas, resultarían inadecuadas muy probablemente, para vestir un salón, por ejemplo.

Pero de esta diferencia hablaremos más tarde. Antes de seguir avanzando, necesitamos conocer los principios básicos de la teoría del color.

Empezaremos hablando de los colores primarios. Son aquellos a partir de los cuales se obtienen todos los demás. Son tres, el amarillo, el azul cyan, y el magenta. Mezclando los primarios de dos en dos, conseguimos los colores secundarios, de la siguiente forma:

Amarillo + magenta = rojo          Amarillo + azul cyan = verde        Azul cyan + magenta = azul intenso

Y, por fin, mezclando un color primario con el secundario más próximo en el círculo cromático, se van obteniendo los colores terciarios: verde claro, verde esmeralda, azul ultramar, violeta, carmín y naranja.

Este conjunto, pues, de 12 colores ordenados de forma circular, con la adición del blanco para obtener las tonalidades claras de estos colores y la adición del negro para obtener sus tonalidades oscuras, constituye la base para crear cualquier otro color existente.

Los colores están ordenados en este círculo en función de la mezcla que les ha dado lugar, es decir, puestos en el medio de los dos colores de cuya mezcla se han producido.

Esto es importante, porque las combinaciones o gamas de color básicas que utilizaremos en cualquier interior, se forman conjugando colores adyacentes u opuestos en este círculo.

En decoración, las gamas de color más usuales, son cuatro: monocroma, de colores complementarios, de complementarios divididos y armónica. Veámoslas:

1. Monocroma (también llamada melódica)

Está constituída por un solo color, degradado en distintos tonos, con intervención del blanco y el negro.A pesar de su simplicidad, es una combinación segura y agradable, que permite utilizar incluso colores intensos sin que el resultado sea estridente.Nos demuestra también la posibilidad de obtener una riqueza de matices muy amplia, teniendo en cuenta que todos nacen de un sólo color, volviéndolo más claro o más oscuro con el blanco y el negro.Se aplica tanto en paredes como en tapicerías y telas y es en esta gama donde cobra verdadera importancia la mezcla de texturas en los materiales empleados, aportando riqueza al ambiente, que de otra forma podría verse quizá algo monótono.

2. De colores complementarios

Se llaman colores complementarios a los que están colocados en lugares opuestos dentro del círculo cromático, por ejemplo, el verde y el rojo.

Estas parejas de colores, ofrecen siempre el máximo contraste en cuanto a color, aunque no necesariamente en cuanto tono. Expliquemos esto:

El contraste dado por tono es aquel en el que el color no interviene. Un negro al lado de un blanco, un azul oscuro y un azul claro. Ahora bien, si al lado del azul oscuro pintamos un rojo también oscuro, obtendremos un contraste de color, basado en la diferencia entre los dos colores. Pero si el azul es oscuro y el rojo claro, habremos logrado un doble contraste dado por color y a la vez por tono.

Todo esto viene a que dos colores complementarios (oposición máxima dada por color), en igualdad de tono, son del todo incompatibles en armonización. Provocan en nuestro nervio óptico un verdadero desequilibrio. ¿Qué hacer entonces para aprovechar la riqueza de color de los complementarios? Simplemente crear con ellos también un contraste de tono, usando uno de ellos puro (esto es, sin la adición de blanco ni de negro) y aclarando el otro con blanco, de forma además, que el mezclado tenga el papel principal y el puro se utilice como contrapunto; o mezclándolos en proporciones desiguales entre ellos y usando igualmente el blanco.

Si lo hacemos de esta última manera, nos encontramos directamente con una gama excepcional por su riqueza y delicadeza de colorido: la gama de colores quebrados por mezcla de colores complementarios.

Por ejemplo, si mezclamos el rojo y el verde en diferentes proporciones, obtendremos bien un rojo sucio tirando a marrón, bien un verde grisáceo tirando a rojizo, según haya en la mezcla más cantidad de un color o de otro. Si además rebajamos estas mezclas con distintas cantidades de blanco, nos encontramos con una extensa gama de grises teñidos unos de rojo, otros de verde, otros de marrón o incluso de ocre… una gama de “grises” o neutros, todos combinables entre sí, y con suficiente color para que el resultado no sea monótono o apagado.

El blanco ha atenuado estridencias, logrando una armonización delicada en cuanto a color, pero enérgica en cuanto a tono, por cuanto las diferencias entre claros y oscuros pueden seguir existiendo utilizando más o menos el blanco en las distintas mezclas.