Seguimos en esta segunda parte de los Fundamentos del Color, con las dos últimas gamas de colores:

3. De complementarios divididos.

 Se basa en el mismo principio que la anterior, pero en lugar de escoger un color y su contrario dentro del círculo cromático, se escoge un color y los dos que se sitúan a ambos lados de su contrario, para que el contraste no sea tan acusado.

Esta gama permite crear combinaciones equilibradas siempre que se respete la predominancia de un color sobre los otros dos, y se utilicen diferencias de tono.

4. Armónica.

Se consigue combinando tres tonos consecutivos dentro del círculo cromático, que pueden ser fríos, calientes, o una combinación de ambos. Uno de ellos siempre es el dominante, mientras que los otros dos actúan como complementos.

Es conveniente que el color principal sea el más neutro de los tres y que se utilice en un tono menos intenso que el resto. El color más fuerte se reserva a las piezas importantes del mobiliario, como el sofá, o bien a los complementos, depende del efecto que queramos producir.

*Esta última gama ofrece algunas variantes:

4.1. Gama armónica simple: está constituída por un color dominante acompañado de tres colores más, de matiz opuesto. La fórmula a seguir es:

– Se elige un color dominante.

– A cuatro colores del dominante, girando de izquierda a derecha en el círculo de doce colores, se encuentran, empezando por el que hace cuatro, los tres colores de matiz opuesto.

– El último de este trío es el color complementario del dominante elegido en primer lugar.

En esta gama es imprescindible que el que destaque claramente en la composición, sea el dominante. Como ya explicábamos en la gama de colores complementarios, no hay que tomar los cuatro colores puros si no se desea, sino que pueden mezclarse cada uno de los colores del acompañamiento con el dominante en diferentes proporciones; y con la interacción del blanco y del negro, ya tenemos de nuevo toda otra gama de grises o neutros que combinan entre sí.

4.2. Gama armónica de colores calientes: está constituida por los colores violeta, magenta, carmín, rojo, naranja, amarillo y verde claro.

4.3. Gama armónica de colores fríos: formada por los colores verde claro, verde, verde esmeralda, azul cian, azul ultramar, azul intenso y violeta. Vemos que el verde claro y el violeta, participan en las dos gamas como colores neutros “térmicamente”, que igual pueden ser calientes como fríos, según la influencia que ejerzan sobre ellos los colores restantes.

No se excluye en una combinación de este tipo la inclusión de colores de la otra gama, siempre en proporción menor y una tendencia afín, es decir, algún toque de verde, azul o violeta en la gama de los colores cálidos o de amarillo, naranja o rojo en la de colores fríos, lo que puede realzar enormemente el conjunto.

En general, los colores cálidos destacan por su carácter dinámico y acogedor, y promueven una sensación de proximidad, por lo que además de “calentar” una habitación, la hacen visualmente más pequeña.

Los colores fríos, por su parte, transmiten serenidad y sirven para refrescar zonas que reciben mucha luz solar, por lo que tenemos que tener cuidado si la sensación de frescor no es lo que perseguimos. Además, producen sensación de lejanía, por lo que contribuyen a alejar ópticamente las paredes entre sí, haciendo que las habitaciones parezcan más grandes.

Todas las gamas o combinaciones de color que acabamos de enumerar, son “seguras” desde el punto de vista de la armonía. Por supuesto, dentro de cada una de ellas, hay infinitas combinaciones, aunque las reglas aplicar son tal y como se explican.

Normalmente, en decoración, funcionan mejor los colores muy mezclados, “atenuados” como decíamos, en su color, por la intervención del blanco y el negro: los famosos neutros, que ahora sabemos cómo se logran y que van mucho más allá del socorrido beige. Ahora bien, en esto como en todo, las reglas, una vez que se conocen, están para romperlas, y si no, ahí está el ejemplo de Agatha Ruiz de la Prada, ¿no?