bombilla-ledDesde que en los últimos tiempos se han popularizado los leds, pues desde que se inventaron han pasado varias décadas, nos hemos lanzado a usarlos con el entusiasmo del converso. Pero ¿realmente son tan prácticos como parece?

No hay duda de que ofrecen algunas ventajas muy deseables, como su larga duración y, se supone, su enorme rendimiento. Pero (siempre hay un pero…), bajo ciertas condiciones de uso. Los leds son lámparas con unas características muy concretas que los hacen altamente apropiados para unos usos también muy concretos, pues el elevado coste que todavía presentan no las hace aptas para ser usadas indiscriminadamente.

Su durabilidad, siempre y cuando puedan ventilarse bien por su parte posterior (aquí estaba el “pero”, pues si no refrigera bien puede perder hasta un 30% de rendimiento), las hace especialmente útiles para ser usadas en sitios de difícil acceso, en los cuales no sea rentable tener que cambiarlas a menudo. Funcionan bien en grandes alturas, pues puede conseguirse con ellas un buen haz de luz, y también en lugares en los que sea complicado usar cualquier otra lámpara por un problema de espacio o de acceso, pues además de adaptarse a cualquier tipo de bombilla, puede usarse incluso en tiras adhesivas.

Tienen un gran rendimiento en potencias bajas, recordemos que un led de 9w equivale a los 50w de una dicroica por ejemplo, pero cuando tenemos que iluminar muy bien un espacio y, por lo tanto, subir la potencia, o durante mucho tiempo, el rendimiento es mucho menor y es preferible usar otro tipo de lámparas más prácticas para estos casos, como las de fluorescencia.

Aunque funcionan bien para conseguir una luz concentrada, para lograr una luz difusa también son mejor estas últimas.

Su principal característica, en mi opinión, es que no emite calor hacia el frente lo que hace de ella la elección óptima para iluminar objetos sensibles al calor y/o espacios muy pequeños, como hornacinas o expositores de joyería, por ejemplo.

Por otro lado, tiene solo tres temperaturas de color, cada una de las cuales presenta una oscilación. Es decir, lo que en una lámpara halógena se llamaría luz cálida son 3000°K, sin embargo en su equivalente led serían entre 2900°K y 3200°K. Esto no reviste mayor importancia siempre que se tenga en cuenta a la hora de hacer los cálculos de las bombillas que nos van a hacer falta, pues si hay que añadir a un mismo ambiente bombillas de otra partida, cai con toda seguridad se verá diferencia en la calidad de la luz.

Resumiendo: los leds, con sus ventajas e inconvenientes (como todas las demás lámparas, por otra parte), son una alternativa muy interesante teniendo en cuenta que siempre hay una solución óptima para cada caso en particular y que no existe todavía una lámpara adecuada a todas las necesidades. Se trata, pues, de utilizarlos cuando sus características sean las más apropiadas para resolver el problema lumínico que se nos presente.