Estamos ya en la mitad de la panificación de la reforma y vamos a acometer en mi opinión la parte más divertida y creativa de todo el proceso. También una de las que más peso tendrá en el resultado, es más, en esta fase definimos el resultado a conseguir. Porque la razón de ser  del interiorismo, además de la resolución de problemas complejos, es añadir el toque estético y los elementos humanizadores que hacen que los espacios sean atractivos y generen emociones en los usuarios.

Fase #3 Definir el Estilo Decorativo Global

Para poder abordar la elección del estilo de nuestro espacio, con ciertas garantías de coherencia y consecución de nuestros objetivos, partiremos del desarrollo de un Concepto. Este concepto elegido, derivará en un Esquema Decorativo, que es el vehículo mediante el cual se traslada a la realidad dicho concepto, y que tiene 3 componentes: Forma, Color y Textura.

La forma es uno de los más obvios. El estilo modernista, imperante durante los inicios del S.XX, se caracterizaba por diseños orgánicos y curvilíneos que, aún hoy, se identifican a simple vista con aquel periodo. Formas no son sólo las del mobiliario, también las de los motivos y estampados de los tejidos o papel pintado, de puertas y ventanas e incluso del propio espacio.

La textura es de los tres el que más a menudo se pasa por alto, pero es esencial para crear un espacio interesante, porque apoya a los otros dos elementos para transmitir las sensaciones definidas en el concepto. La textura es la que crea la sensación de suntuosidad del terciopelo; de abrigo de un cojín de lana trenzado; o de austeridad de una madera sin tratar, basta y sin brillo.

El color es seguramente el mejor indicador de la personalidad de un ambiente y el que provoca la respuesta más inmediata en el observador. También el que más directamente influye en nuestras emociones e incluso en la percepción que tenemos del espacio. No sólo cada estilo decorativo se define con unos colores determinados, sino que cada esquema de color lleva aparejada una simbología concreta, que puede también cambiar con el bagaje de cada persona. Es un tema amplio y fascinante que trataremos con mas amplitud en otro artículo.

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    Vía Pinterest

En resumen, estos tres aspectos del esquema decorativo están muy relacionados y no sólo porque forman parte de un mismo conjunto estilístico, sino porque se influyen unos a otros de forma directa. Por ejemplo, un esquema de color sencillo necesitará un contraste de texturas que genere interés visual.

¿Cómo decidir el concepto que regirá todas y cada una de las decisiones de diseño que tomemos a continuación?

Hay numerosas formas, que serán más o menos útiles según nuestras circunstancias o personalidad.

1. La elección viene determinada por el ambiente.

Esto suele suceder y es lógico que así sea. La decoración de una casita de piedra en medio de la montaña, aunque desde luego siempre hay libertad de elección, es casi seguro que irá encaminada al estilo rústico, si queremos que la vivienda se integre en su ubicación.

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  Vía El Mueble

Igualmente, un apartamento urbano, probablemente será más coherente con su entorno si elegimos entre la multitud de estilos apropiados para un espacio así.

En este caso se englobaría también la elección determinada por el tipo de negocio, si se trata de un local comercial. Aunque hay negocios que permiten una amplia gama de estilos, hay otros que se enmarcan en unas características muy determinadas.

2. La elección se basa en unos adjetivos definitorios.

El diseño puede derivarse de la elección de los adjetivos que determinen las sensaciones que queremos que el espacio nos provoque. Este método necesita de algo de reflexión por tu parte. Cuanto más claros y concretos sean dichos adjetivos, más fácil es que nos den la clave del concepto sobre el que girará nuestro diseño. Mejor si son como mínimo tres.

Por ejemplo, si decidimos que queremos una vivienda serena, elegante y sofisticada, está claro que no usaremos madera sin tratar, ni colores chillones. Si en esta relación faltara el calificativo de “serena” ya no limitaríamos la paleta de color, y podríamos usar rojos o azules vibrantes, que pueden ser muy elegantes y sofisticados. ¿Ves cuál es la idea?

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3. La elección parte de referencias visuales.

Quizá no tengas claro un estilo de entrada, pero has visto alguna foto en una revista que te hace suspirar, quizá no sea precisamente del interior de una vivienda, sino que presenta una combinación de colores que te encanta. También puede inspirarte una historia o un material. Aunque quizá si no estás acostumbrado, basarte en elementos conceptuales pueda resultar complicado.

Es preferible que te centres en algo más evidente: como te decía, una gama de color o imagenes de interiores que te inspiren. Aunque por razones presupuestarias, de espacio o de proporción, no puedas copiar ese estilo en tu vivienda, sí puedes extraer sus características y aplicarlas.

También puedes elegir un elemento, como un mueble o un cuadro, lo suficientemente extraordinario, al menos para tí; como para convertirlo en el eje alrededor del cual se articulará toda la decoración.

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Vía Pinterest

A lo mejor, sí que tienes claro el estilo, pero simplemente no sabes cómo aplicarlo. En este caso, recopila imagenes de internet o, mejor aún, recorta fotos de revistas con interiores o mobiliario de ese estilo y pégalas en una libreta o en un cartón, para que puedas verlas todas juntas. Analízalas y haz una lista con los colores, materiales, tipo de muebles (forma, color, textura) y otros elementos de cada una de ellas. Cuando acabes, verás que hay algunos que se repiten constantemente; esos son los elementos característicos o diferenciadores del estilo.

Por ejemplo, y siguiendo con la casita en la montaña. Probablemente verás que se repiten, aplicados de una forma u otra estos elementos: la madera oscura, los colores tierra, el blanco roto, la profusión de tejidos, los estampados pequeños o clásicos (rayas, cuadros escoceses, florecitas…) y los materiales naturales. A lo mejor en una de esas fotos ves una mesa de acero, pero no es probable que se repita, porque no es un elemento propio de ese estilo.

Cuando tengas ese puñado de elementos característicos, los apliques como los apliques, por ejemplo, la madera oscura en el mobiliario en lugar de en el suelo, y el color tierra en los tejidos en lugar de en las paredes; tendrás un estilo rústico de montaña coherente.

Cuando tenemos un concepto sólido como punto de partida, cada decisión que debamos tomar, la contrastaremos con él para confirmar que vamos en la buena dirección. ¿Tienes que elegir la fregadera de la cocina y tu concepto te dirige hacia un estilo natural y sencillo? Seguramente el acero inoxidable no será la mejor elección, y te encajará más bien un fregadero de piedra antiguo o uno de Silestone que parezca de piedra caliza. Una vez desestimados los materiales que no sirven, la elección entre los que sí encajan, dependerá de otras consideraciones como la oportunidad, el presupuesto o nuestro gusto personal.

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                                                               Vía Pinterest

Para saber más sobre las características diferenciadoras de diferentes estilos de decoración, quizá te interese mirar los artículos sobre este tema, que llevan la etiqueta Estilos Decorativos.

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